Solas
María (Ana Fernández) malvive en un oscuro apartamento de un barrio miserable, trabaja eventualmente como chica de la limpieza y, casi con cuarenta años, descubre que está embarazada de un hombre que no la ama. Su soledad es tan grande que sólo encuentra consuelo en la bebida. Su madre (María Galiana), que ha consumido su vida al lado de un hombre violento e intolerante, no tiene ni siquiera el consuelo de tenerla cerca. Con motivo del ingreso de su marido en un hospital, la madre visita a María en su apartamento y conoce a un vecino viudo (Carlos Álvarez) que vive con su perro. La relación que se establece entre estos tres náufragos alivia sus soledades y deja una puerta abierta a la esperanza.
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Acerca de
María, cuyos padres viven en el país, no puede soportar las formas autoritarias de su padre y se traslada a la ciudad. Ella encuentra un trabajo como limpiadora y trata de sobrevivir en un apartamento miserable en la parte afeitada de una gran ciudad. Está embarazada, y el hecho de que su novio la haya abandonado no ayuda a los asuntos. Cuando su padre va al hospital para una operación, su madre viene a quedarse con ella. Su vecino, un viejo recluso cuyo único amigo es su perro, comienza a salir de su cáscara y estas tres almas perdidas tratan de darles la fuerza para empezar de nuevo.